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sábado, 17 de diciembre de 2011

La comparsa de la viuda


Durante la mañana del 31 de diciembre, portando tarros de talco vacíos a los que abríamos una ranura a manera de alcancías, y latas de leche Klim, con las primeras monedas conseguidas entre los de casa, armábamos la comparsa en la que destacaba una viudita plañidera, niña o niño disfrazado con traje negro, para marchar gimiendo junto a su Viejo, al tiempo que con nuestro improvisado instrumental de percusión, hacíamos  el coro, repitiendo acompasadamente la clásica muletilla: U-na-caridá-pa-ra-el-Vie-jo.

Cuando nos cansábamos o nos llamaban a comer, el Viejo quedaba sentado a la puerta de la casa, con un cigarro en la boca y una botella de trago, vacía, a su lado. Por la tarde intensificábamos la recaudación e íbamos participando en la redacción del testamento infantil para leerlo junto al de los mayores.

Ya al anochecer, agrupados en torno al monigote, en el extraño funeral, procedíamos a repartir proporcional y escrupulosamente el dinero entre quienes lo habíamos armado, paseado y llorado con todo el gusto de la ocasión.

Faltando pocos minutos para las 12 de la noche, algún adulto anunciaba la hora y nuestro Viejo, despojado de su sombrero prestado, de la corbata de gran señor y de los zapatos que alguien juzgaba "todavía buenecitos", era arrastrado hacia media calle para rociar su cuerpo con gasolina y lanzarle el fósforo que lo transformaría en una pira estruendosa.

El acelerado palpitar de nuestros corazones encendidos de excitación nos empujaba al abrazo general y a la expresión de recíprocos augurios. La parranda del Año nuevo comenzaba, mientras los restos humeantes del Viejo, volaban, esparciéndose a voluntad del viento por calles y veredas.

año viejo, quemado, fiesta de año nuevo

Mensaje

Año Viejo de mi barrio, hoy como ayer me 
emocionas y revives mi ilusión.
Me gusta verte sonriente y rellenarte de
viruta para hacerte gordinflón.
Tú no eres Batman, ni Abdalá ni Condorito,
ni el Chavo, ni Robocop,
ni Aguinaga, ni el Bolillo.
Tu eres ancestro y sentimiento. ¡Eres símbolo
tradicional de este pueblo que necesita
inmolarte cada año, a fin de creerse liberado
de tantos males y renovado en la esperanza
de un mañana mejor!...

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viernes, 9 de diciembre de 2011

Cena navideña y Misa de Gallo

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Preparando la cena de Nochebuena, nuestra madre escogía su mejor mantel y el delicioso aroma del pavo criollo inundaba la casa desde el mediodía, haciéndonos agua la boca mientras ayudábamos a pelar las nueces del relleno, hurtándonos unas cuantas pasitas a cuenta de la colaboración voluntaria. A las 10 de la noche, aproximadamente, el pan de pascua, los buñuelos con miel, el queso blanco en cuadritos, se ponían en los platones; el exquisito chocolate de La Universal, batido con molinillo pasaba de las jarras a las tazas y sentados alrededor de la mesa, padres, abuelos, tíos, nietos, invitados, compartíamos ese espacio de fe, de amor familiar y de amistad, todo con mucha sencillez.

misa de gallo, nochebuena, navidadLas procesiones y Misa de Gallo eran parte de las tradiciones navideñas. La gente del pueblo acudía a la iglesia con banda de música y padrinos, llevando al Niño engalanado sobre un charol o dentro de una cestita adornada con cintas y flores, para hacerlo bendecir. La misa era solemne y hermosa.

Al regreso, casi vencidos por el sueño, colgábamos las medias limpias cerca de la ventana y ubicando los zapatos junto a la cama, nos acostábamos esperando el aleteo del Ángel de la Guarda, a quien habíamos rezado implorándole la gracia de sentir la llegada del Niño Dios, portando los regalos a los que solo los niños teníamos derecho y no los recibíamos en Nochebuena, sino a la mañana siguiente, como mandaba el antiguo ritual. Curiosidad Infinita - Conocimiento y curiosidades - Curiosidad Infinita - Curiosidad Infinita

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Aquellas navidades

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Acercándonos a estas fechas tan ajetreadas de consumo, vamos a tocar el tema de como se celebraba la Navidad y el Año Nuevo hace algunas décadas atrás y recordar esos tiempos donde gran parte de las labores eran manuales y en familia; este tema lo vamos a separar en partes para que no se nos haga muy extenso.

Pensar en Navidad era un motivo de intensa conmoción emocional para cualquier criatura, porque ajenos a los compromisos de la actualidad, los habitantes de Guayaquil, más apegados a las tradiciones y a la vida del hogar, preparábamos el ánimo y el ambiente, de muy distinta manera a la que solemos hacerlo en el presente.

La carta y el nacimiento
Al comenzar diciembre, los pequeños nos poníamos a escribir la carta al Niño Dios, porque nos habían enseñado que los cristianos celebramos la natividad de nuestro Salvador y nada tenía más importancia en tales fechas como la conmemoración de este hecho especial que hace 20 siglos cambió el curso de la historia.

Ayudábamos a mamá, sacando cajas, comprando musgo, limpiando y remozando adornos. Poníamos el pequeño árbol de madera, forrando sus ramitas con papel celofán verde y azul con las cuales se coloreaban papeles de empaque abrillantados con purpurina para simular valles, montañas, quebradas y un cielo salpicado de estrellas recortadas de papel plateado de las cajetillas de cigarrillos Camel o Chesterfield.

Completaban la ingenua escenografía: casitas de barro o de cartón, soldados, pastorcillos, reyes magos, ángeles, corrales, laguna de espejo con patitos y la más variada fauna universal en torno al pesebre hecho con nuestras propias manos.

Por la noche, el conjunto iluminado ponía un halo divino que invitaba al tierno recogimiento y como al Niño Dios no le gustaban los chicos malos, desobedientes y peleones, ni los ociosos, desaseados y mentirosos, hacíamos lo posible por portarnos bien, sumando créditos para que nos lleven a la casa de los Parducci, donde el mejor Nacimiento de la ciudad quedaba expuesto para admiración de cuantos quisiésemos apreciarlo.

Los almacenes más elegantes también hacían el Nacimiento en las vitrinas. Y había un concurso de Belenes convocado por la Curia, así como representaciones teatrales alusivas a la ocasión. En el colegio de las monjas, cada grado tenía su pesebre, junto al cual cantábamos diariamente el Dulce Jesús mío, mi Niño adorado, Pastores venid y otros lindos villancicos mientras hacíamos avanzar a los magos y a los pastores.

Continúa... Curiosidad Infinita - Conocimiento y curiosidades - Curiosidad Infinita - Curiosidad Infinita

lunes, 5 de diciembre de 2011

Entre el carbón y el gas

Localizado en el centro de la cocina o en una estratégica esquina, se encontraba -aún en nuestras casas mixtas- el fogón. Su estructura de madera, de forma rectangular, estaba sostenida por cuatro patas fuertes sobre las cuales se asentaba el cajón relleno de barro o cemento. La cavidad central, formada con ladrillos, era el espacio destinado a recibir leña o carbón. A manera de soportes para ollas, cazuelas y sartenes, se colocaban varillas de hierro atravesadas; y pedazos de hojalata para cubrir los recipientes, haciendo efecto de horno al poner las brasas encima.

La candela se prendía al amanecer, usando una mechita de trapo empapada en kerosén y soplando con el abanico de paja. A eso de las seis de la mañana, el fino aroma del café pasado, fundido con el de tortillas de maíz, las torrejas de choclo con queso o el simpar bolón de verde con chicharrón, daban los buenos días en el desayuno. Momento del primer encuentro familiar.

¡Carbón, Carbonerooo!
Pregonando y haciendo rítmica percusión con una lavacara vieja atada a su tiznada carretilla, el carbonero, personaje típico de nuestro folklore urbano, circulaba en cada barrio, entregando regularmente su carga, la misma que se adquiría por sacos o por "lavacaradas", según el nivel de la clientela. La calidad nunca se discutía, por que ese carbón venía desde las islas del Golfo y era producto de aquellos mangles que por siglos cuidaron don Goyo y sus parientes, hasta que unos intrusos insensatos los destruyeron para instalar camaroneras.

La comida preparada en fogón tenía mucho sabor de nuestra tierra, pero había que bregar algunas horas para lograr un buen estofado, un sancocho blanco o el rico cocolón que desapareció con el carbonero, de quien nunca supimos nombre, edad ni color verdadero, por que vivió mimetizado a su costal y se alejó de nuestros barrios para seguir laborando en áreas marginales de la ciudad, cuando otro combustible se adueño de nuestras vidas.

La cocina de kerosén
Importadas por conocidas casas comerciales, se popularizaron hacia finales de los años 40, las novedosas cocinas de kerosén, combustible repartido también a domicilio en forma semanal- Al llamado telefónico acudía una camioneta de los distribuidores. Subía un hombre con gran embudo de hojalata y un tanque de 5 galones que vaciaba en el depósito adquirido para el efecto. De éste, la cocinera se encargaba de trasvasarlo a la poma de vidrio que alimentaba los quemadores de las hornillas, cuyo encendido demandaba preliminares con categoría de curso para maniobras especiales:

Primero: abrir la llave para el paso del kerosén. Segundo: levantar el filtro para comprobar que la mecha esté mojada. Tercero: acercar el fósforo y una vez avistada la llama, volver el filtro a su lugar. Si por algún descuido la llama se apagaba, ¡mayúscula conmoción en la cocina!

El humo negro con fuerte olor lo impregnaba todo. Las ollas de aluminio se tiznaban. El arroz, la sopa, la colada, los maduros fritos, el cake, perdían su sabor original. Los platos servidos regresaban a la cocina. Las señoras renegaban. Las cocineras se resentían y ni los perros querían comerse esa comida, con sabor a kerosén.

Algunas familias que habíamos adquirido cocinas marca "Nesco", llamábamos donde Maulme y del departamento técnico enviaban al Sr. Coronado, gentil experto que se tomaba su tiempo limpiando quemadores, filtros cañerías e instruyendo debidamente al personal, para poner una lata debajo de la olla del arroz y evitar que se ahúme; para no encender la mecha embebida; para no tocar los alimentos con las manos sucias de Kerosén. ¿Se imaginan Uds. ese embrollo que les tocó soportar a nuestras madres?

¡Ya viene el gas!
En el año de 1957, Manabí Exploration y Tennessee del Ecuador, empresas que operaban en nuestra zona peninsular, atendiendo el pedido de la compañía DOMOGAS (firma de capitales italianos), comenzaron la producción del gas licuado de petróleo que sería distribuido en cilindros importados de Italia, junto con las primeras cocinas marca "Ligmar". Con el propósito de organizar la producción, el envasado del gas y la capacitación del personal ecuatoriano, DOMOGAS, eligió a dos jóvenes expertos de su planta en Palermo, Italia, y les propuso viajar al Ecuador, Michele Florentino y T. Nino Salvatore,  aceptaron y se trasladaron por vía marítima hasta este punto de América, siendo destinados el uno a Quito y el otro a Guayaquil.

Testimonio del pionero
Cuenta el Dr. Nino Salvatore, que el día 19 de abril de 1957, después de trasbordar del vapor "Marcopolo", fondeando frente a la isla Puná a la lancha que lo conduciría a Guayaquil, se sintió sobrecogido por las extraordinarias dimensiones del río, a cuyas aguas se sumaron las de un aguacero torrencial por efecto del aguaje, las calles cercanas a la orilla estaban inundadas y al dejar el muelle fiscal, tuvo que hacer lo que otros viajeros: sacarse los zapatos y caminar descalzo hasta encontrar un tazi que lo quisiera llevar.

Le tocó operar en la planta" El Tigre", ubicada entre Ancón y Atahualpa, donde entrenó a los primeros obreros en sistemas manuales de envasado del gas, mientras ideaba la estrategia de apertura de mercados. La carga de gas costaba entonces 8,00 sucres el kilo (no subsidiado); los cilindros se alquilaban en 200,00 sucres anuales y no obstante las gangas que la empresa ofrecía, eran muy pocas las personas dispuestas a cambiar su cocina y a experimentar un sistema tan distinto.

Con una cocineta bajo el brazo y el cilindro al hombro, Salvatore recorría los barrios residenciales. Tocaba puertas para efectuar demostraciones de las bondades de este combustible. El primer mes vendió una cocina a la señora María Pía Guerrero de Varas. Luego fueron tres al mes y así sucesivamente, venciendo enormes resistencias.

Mas, si las amas de casa iban deponiendo prejuicios temores, las cocineras le declararon la guerra. Acostumbradas a dejar abierta la llave del quemador de kerosén, mientras buscaban el fósforo para encender la hornilla, aplicaban el mismo procedimiento a la cocina nueva, produciendo una pequeña explosión que las hacía huir despavoridas para caer de rodillas implorando a Dios la destrucción de este invento infernal que hasta apestaba a eructo del diablo. Preferían retornar al fogón, amenazando con dejar el trabajo si el italiano volvía por la casa.

Don Nino no se amilanó. Siguió cumpliendo instrucciones de la empresa y bastaron pocos años para convencernos de que el gas de uso doméstico era un verdadero elemento de progreso. Aligeraba y aliviaba notablemente las tareas domésticas; disminuía el deterioro ecológico y al extender su consumo hacia otros puntos del país, creaba muchas fuentes de trabajo entre envasadores, distribuidores, repartidores, etc., etc.

A pesar de tratarse de un combustible de alto riesgo, hemos aprendido a utilizarlo bien (salvo excepciones). Y no hay un punto del Ecuador, donde no se conozcan sus bondades. Cilindros, cocinas, hornos industriales, etc., se fabrican en nuestro país. De los dos italianos pioneros, Salvatore (que en los años de lucha se quedó sin pelo) fundó su propia empresa Duragas, con la que se hizo rico y continuó generando progreso, a través de plantas industriales para envasado del gas de Guayaquil, Quito, Esmeraldas, Manabí, El Oro y Loja. Manejando una bien concebida red de distribución a escala nacional, logró que nunca sufriéramos desabastecimientos ni retrasos... Años después, vendió la empresa y ahora vive de las rentas... Y pensar que hace 40 años todavía mucha gente no quería saber nada del gas... Curiosidad Infinita - Conocimiento y curiosidades - Curiosidad Infinita - Curiosidad Infinita

sábado, 26 de noviembre de 2011

¡Cangrejo, grejo!

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Vinculados ancestralmente al mar y a la riqueza ictiológica de nuestros ríos, los costeños -y creo que la mayoría de los ecuatorianos- sentimos predilección por los mariscos, de los cuales poseemos inmensa variedad, tanto de los provenientes del océano, como de los que todavía se multiplican en la red hidrográfica más importante del Pacífico americano, que es la cuenca del río Guayas.

Corvinas, pámpanos, chernas, guayaipes, lenguados, dorados, picudos, atunes, pargos, lisas con gusto a brisa marina, yodo y sal. Robalos, bocachicos, damas, dolas, bagres, guanchiches, viejas y corvinas de río, son algunas de las decenas de sabores asociados a la alimentación que nuestros antepasados incluyeron en su dieta diaria junto a moluscos y crustáceos provenientes de los manglares del Estero Salado y sus numerosísimos ramales.

El rey del Ecosistema
En el estuario del Guayas y en las islas del Golfo de Guayaquil, amparado por la presencia señorial de los manglares habita Gercacinus Ruricola, popularmente conocido como el cangrejo rojo de manglar, cuya deliciosa y apetecida carne lo ha convertido en el perseguido rey de un ecosistema extraordinario, poniendo en peligro su existencia.

Vive metido en cuevas de lodo que cava con sus patas a profundidades de 60 y hasta 80 centímetros y sale únicamente en busca de alimento; de novia, en tiempo de apareamiento, o forzado por sus capturadores, los cangrejeros de las islas, de quienes intenta defenderse utilizando sus poderosas manos de tijera. Atrapado y ensartado junto a otros hermanos de infortunio con los que forman un atado, es negociado por intermediarios que lo transportan a la ciudad, donde pasa a manos de vendedores, ubicados en sitios estratégicos de la urbe, y de ahí a los consumidores que gozamos sacrificándolo para echarlo a la olla, donde se transforma en delicioso manjar, alrededor del cual iniciamos un bullicioso y concurrido festín, generalmente nocturno.

cangrejo, cangrejero, cangrejada, mariscos, crustaceosLas costumbres eran otras
Remontándonos a cercanos recuerdos, comentaremos a nuestros descendientes que los cangrejos, apetecidos desde épocas remotas, sólo se consumían en los meses con r. Esto es: enero, febrero, marzo, abril, septiembre, octubre, noviembre y diciembre. Absteniéndonos de sacrificarlos en los meses sin dicha consonante, por ser "tiempo de muda" como decían los abuelos, en respeto al ciclo de apareamiento, reproducción y crecimiento, que nos garantizaba la supervivencia de la especie y el disfrute de los carapachos gordos, las manos de boxeadores y las pechugas bien carnudas.

Las canoas que apegaban al Mercado Sur descargaban su mercancía por la tarde para negociarla con los mayoristas y éstos a su vez con los vendedores al detal, quienes portándolos en los extremos de largas varas de mangle, salían a vocearlos por los distintos barrios al perfilarse la noche, entonando ese pregón tan porteño y tan antiguo: "Cangrejo - grejo" - "Cangrejo gordo, cangrejero"...

De las casas se los llamaba y ellos se acercaban a los zaguanes para dejarnos escoger los mejores atados. No había al cuál quedarse, por que entonces todos los atados eran buenos y su costo no rebasaba los 5 sucres (para que no olviden cómo se llamaba nuestra moneda). Eso sí, por muchas que fuesen las ganas, así se muriese de antojo una pipona, a nadie se le hubiese ocurrido matarlos y comerlos por la noche.

cangrejo, cangrejero, cangrejada, mariscos, crustaceosLos cangrejos amanecían vivitos en el lavadero de la cocina, cubiertos con un mantel húmedo, y era a la mañana siguiente, cuando las cocineras les daban vire para irlos echando a la olla con agua aliñada a base de comino, culantro, ajo, pimienta picante en grano, cebolla blanca, etc.

A la hora del almuerzo ponían la gran fuente en el centro de la mesa familiar y empezaba el golpeteo, el chupeteo y el ajetreo por acaparar los más gordos y pesados. Luega venía la ensalada de cangrejo o el arroz con cangrejo; rematando la fiesta grastronómica con los exquisitos carapachos rellenos de maduro o de pan dulce.

Cambio del ceremonial
No sé si por cangrejos o por sabios, nuestros viejos siguieron esas costumbres, que al entrar la década de los años 60, nosotros cambiamos completamente, cuando pusimos de moda las cangrejadas entre amigos, eligiendo las horas de la noche para efectuar las faenas que preceden a nuestro ceremonial actual.

A eso de las 20h00 comienzan a llegar los convidados. Compadres del alma, compañeros de estudio o de trabajo, primos, vecinos, invitados especiales, entre los que se cuentan, novios, consuegros y socios en perspectiva.

Despojados de todo prejuicio y protocolo, armados de pequeñas piedras de río, mazos y tablillas de madera, toman posiciones en la mesa que para la ocasión ha cambiado su mantel habitual por una cubierta de periódicos y algún sencillo cobertor.

Atrincherados con la botella de cerveza bien helada, el ají y cuanto aderezo se nos antoje a preparar en cada casa. Perdiendo toda finura, la concurrencia se abalanza sobre la fuente. Todos golpean, mascan, chupan, absorben, paladean, patas, panzas y carapachos. Todo marcha con singular rapidez y estilo propio.

Música de salsa a buen volumen y algarabía de conversaciones cruzadas sobre fútbol, política, economía. Chismes, chistes, anécdotas, confidencias, condolencias y reclamos, matizan esas noches de San Viernes que pueden prolongarse sin problemas, porque una cangrejada guayaca es cosa seria. Si no, pregúnteselo a los porteños y a los invitados que la aprendieron a disfrutar en nuestras mesas. Por eso es preciso velar por la supervivencia de ese y otros tesoros que nos regala el manglar. Ya vienen los meses sin "r" y por algo sería que antiguamente, nuestros mayores nos enseñaban a respetar ese ciclo de veda natural... Curiosidad Infinita - Conocimiento y curiosidades - Curiosidad Infinita - Curiosidad Infinita

jueves, 24 de noviembre de 2011

La Papirusa

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La conocí ya trajinada cuando el exceso de peso confería un bamboleo nada sensual al paso de su robusta anatomía. Estatura regular. Piel canela clara, pelo tirando a lacio, teñido de rubio circo para ocultar seguramente las canas prematuras y una sonrisa picaresca acompañando al saludo que a corta distancia hizo a mi padre.

-Esa es la famosa Papirusa- diría él, iniciando su lacónica respuesta en un tono que quiso ser solemne para satisfacer mi curiosidad de niña impertinente, pero que, lejos de ubicarme en la realidad, puso ribetes de leyenda en torno al personaje cuya imagen, como la de algunos otros protagonistas de aquel tiempo, se grabó en mi memoria infantil.

Más tarde, ya adulta intentando analizar también las desviaciones que van tipificando a las épocas y que es imposible ignorar, cuando se trata de la conducta social en todo su contexto, "La Papirusa" volvió a inquietarme y fue entonces cuando recurrí a informantes de primera mano, en busca de datos que, sin prejuicios ni perjuicios, les voy a transcribir.

Un sobrenombre especial
Criollita, garbosa, inocente y alegre, Hortencia Benavides, hija de una lavandera al servicio de la casa rica, en cuyo ámbito se crió adquiriendo modales delicados fue con toda seguridad .y como lo mandaba la vejatoria costumbre-, la prensa más cercana para el debut de los machitos de la familia. Crisálida estropeada, abrió sus alas de atractiva mariposa y decidió volar bien alto, para obligarlos a reverenciarla en el terreno que los sabía débiles y que ella había elegido para reinar.

Le precedían en tales afanes, "La caballo de paso" y su joven hija "La potranca", instaladas por la calle Quito, entonces considerada zona roja, desde que don Aquilino Martínez puso a funcionar los primeros cabarets (burdeles) o salas de baile de la ciudad. Inteligente y sagaz, Hortensia prefirió trabajar sola. Alquiló el departamento de la planta baja en el inmueble situado en la calle Francisco de Paula Ycaza, entre Boyacá y Escobedo, lo arregló con atractiva sencillez y empezó a ejercer discretamente.

No pasó mucho tiempo para que el lugar y su dueña se viesen frecuentados por lo más selecto (?) de la "masculinidad" porteña. Políticos, banqueros, profesionales, intelectuales, comerciantes, niños bien y niños mal, estudiantes universitarios, y hasta un ex-presidente de la República, aspiraban a sus favores, como si de ella dependiese el visto bueno para graduarse de hombres, autoconvencerse de sus capacidades y alardear de ser muy machos... casa afuera..., como imponían, las normas de masculinidad.

Conversadora, alegre sin ser vulgar, cariñosa, paciente y siempre discreta, atenta a cualquier hora (sólo con quienes ella escogía), Hortensia era una celebridad y así la recuerdan sus ex-clientes, uno de los cuales, seguramente cautivado por la voluptuosidad de sus encantos, le puso el sobrenombre de "Papirusa", voz del lunfardo argentino que decir: muchacha linda, con el que ella pasaría a la prosperidad.

Aunque existen otras versiones de su apodo, quedémonos con el anotado, para seguirla en su ruta de ascenso hacia el más alto escalón.

prostitutas, putas, callejeras, golfas, papirusaFama, fortuna y amor
Dueña y señora de su oficio, depositaría de íntimos secretos del grupo dominante, "La Papirusa" desafiaba la hipocresía del medio. Gustaba pasearse en carro descubierto por la avenida Nueve de octubre, siempre al atardecer mirando a quienes fingían no conocerla, para seguir aparentando ser novios o esposos fieles. Por ese tiempo había incorporado a "La Bicicleta", muchacha que la ayudaba, despuntando con mucho éxito. Y si consideramos que el dólar valía 10 sucres, la tarifa de 50 sucres que cobraba la señora, era una suma respetable.

En el apogeo de su fama, fue a parar a Vinces, enamorada de un millonario cacaotero que la cubrió de elegancias y le alegró el corazón, pero cuando consideró procedente, la despidió sin decirle gracias ni tampoco ayudarla a solventar su subsistencia. De vuelta a lo suyo, comenzó a pensar en el futuro e invirtió sus ahorros en la construcción de una casa, situada en las calles Coronel y Venezuela, donde más tarde albergó a sus protegidas y ya en el plano de empresaria ejecutiva, abrió los servicios del primer "Motel" de la ciudad, no identificado con tal nombre, pero sí con idéntico quehacer.

Afectada de cáncer y la próxima a morir, fue atendida por sus pupilas a quienes solía aconsejar repitiéndoles maternalmente:
-Hijas, guarden platita, que en cuanto envejecemos, los hombres ya no nos quieren pagar.


Se despidió de este mundo hace aproximadamente 40 años. Y si hoy pudiese abrir sus ojos, pensaría que resucitó en el lugar equivocado. Puesto que la misma sociedad se atrevió a señalarla con el dedo, registra índices de prostitución alarmantes desde las más elegantes esferas sociales hasta los más pobres estratos femeninos. Mientras que en los asuntos de los hombres, campea la confusión del "unisex", y muchos de esos que presumen ser machos re-machos, apenas se oculta el sol, se caminan con sus elegantes vehículos hacia la calle Primero de Mayo, en busca de mariposones y travestis que se exhiben con descaro, vestidos de mujeres por las noches, vendiéndoles sus favores en ese y otros barrios de Guayaquil.

...¿Qué te parece, Papirusa?

tomado del libro Del tiempo de la yapa, aut. Jenny Estrada

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martes, 22 de noviembre de 2011

Los afiladores

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Los afiladores
Con el sonido de un pequeño rondador metálico, despertaban hasta los gatos más ociosos. Corrían las cocineras, los carniceros, las costureras, los peluqueros, las abuelas y las madres en busca de sus cuchillos, tijeras, navajas, machetes, etc., mientras nos mandaban a llamarlos.

Accionaban un artefacto raro, movido a pedal, con una rueda de esmeril de la que sacaban chispas con el metal. Estos no se han extinguido, sé que andan por ahí. Los necesito como muchos de ustedes, y por favor si los ven, mándelos a mi casa :)

No hay afilador eléctrico, ni truco de programa de cocina por TV, ni consejo de revista que sea tan efectivo como el trabajo de esos hombres. Únivos sobrevivientes de oficios que se acabaron cuando el progreso llegó y el consumismo nos mal enseño a botar las cosas usadas que pueden repararse para continuar utilizándose, pero que un pueblo pobre como el nuestro prefiere reemplazar por otras nuevas al menor síntoma de vejez. Y aunque esto sea lo que hacen los demás, yo sigo esperando a un afilador que me salve tres cuchillos de esos que ya no se encuentran , con hoja de acero doble y fuertes de verdad.

¡Mandenme al afilador! Curiosidad Infinita - Conocimiento y curiosidades - Curiosidad Infinita - Curiosidad Infinita

domingo, 20 de noviembre de 2011

Las zurcidoras

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Las zurcidoras
Un cartel manuscrito pendiendo de la ventana, determinaba su presencia en las zonas residenciales "Se cogen puntos de medias". Más adelante, las zurcidoras se ubicaron en los quioscos adosados a los estantes del correo, donde llovía la clientela femenina. Sus madres habían trabajando para la generación de las medias de seda, que después de cada baile a ritmo de Charleston, se las confiaba para su reparación. Cuando llegaron las medias nylon, el trabajo de las zurcidoras se multiplicó y su acción manual se fue complementando con una pequeña maquinita que aprendieron a manejar con increíble destreza y rapidez.

Las medias nylon eran importadas y su costo, en relación a otras piezas del vestuario, resultaba bastante elevado. De modo que, cuando se corría casualmente un hilo y cuando se enganchaban  las medias en las sillas de mimbre o en los asientos de los taxis en mal estado, acudían al correo en busca de Marujita, Adelita o Juanita, para encomendarles la compostura. Las zurcidoras recibían decenas de medias cada día y su trabajo era de primera. Solo que en ocasiones, las medias que habían dejado limpiecitas, no eran las mismas que se entregaban arregladas. Cosa que se detectaba en casa, por el cambio de la "rancia esencia" que indicaba pertenencia de otra dueña.

De las medias masculinas y de las medias de los colegiales se encargaban las abuelas, que foco en mano, pasaban y repasaban tenues hilos en los huevos de puntas y talones. Igual cosa hacían las costureras contratadas a domicilio, para los remiendos y zurcidos de blusas y vestidos de seda, camisas de hilo fino, virada de cuellos, bajada de hilvanes, etc, etc.. Hoy la industria nacional ha abaratado y masificado notablemente el uso de pantymedias, y como el ahorro ya no se estila, cuando se corre un hilo de la media, se lo detiene temporalmente con barniz de uñas y finalmente se tira la prenda a la basura. Curiosidad Infinita - Conocimiento y curiosidades - Curiosidad Infinita - Curiosidad Infinita

viernes, 18 de noviembre de 2011

El hojalatero

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El Hojalatero
Éste no venía a las casas por que tenía puesto fijo. Su oficio lo practicaba por tradición y eso significaba que había que ir a buscarlo donde el gremio tenía sus asientos.

Las hojalaterías de la ciudad quedaban por la calle de Villamil que hoy cubre el congestionado sector de las bahías, existiendo otros notables talleres en la calle Chimborazo al salir a avenida Olmedo y por la calle Francisco García Avilés.

En ellas se fabricaban cedazos y rallos, regaderas para el jardín, baldes galvanizados, las tinas que reemplazaron a las tradicionales confeccionadas de pechiche, los candiles, los faroles, los moldes para las tortas, las boquillas para los decoradores de las reposteras que estos hábiles artesanos trabajaban sobre pedido, complaciendo los gustos más exigentes. Y juguetes que pintaban con colores chillones para sacar a la venta en Navidad.

Con la importación de artículos de acero inoxidable, el quehacer del hojalatero fue perdiendo valor, terminando por considerarse anacrónico al entrar en producción las primeras fábricas de plástico termoformado y plástico rígido. Los maestros abandonaron el oficio y esas hojalaterías cerraron al promediar la década de los años 60. Su ruidosa presencia ni siquiera fue extrañada por los vecinos del barrio. Nadie en la ciudad les dijo gracias, a quienes tanto nos sirvieron. Curiosidad Infinita - Conocimiento y curiosidades - Curiosidad Infinita - Curiosidad Infinita

miércoles, 16 de noviembre de 2011

El colchonero

El colchonero

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Aparecía en el verano, cuando los ceibos añadían al verde antediluviano de sus troncos y ramas, la hermosa floración que transformaba en nivea bellota, cubría de purísima lana vegetal el suelo de los campos peninsulares.

Esa lana, regalo maravilloso de la naturaleza, se utilizó desde época muy remota en la confección de los colchones, almohadas, cojines y más artículos de uso doméstico, en los que hoy entra de relleno la espuma química de polietileno. Y fue el dulce soporte de la pasión ardorosa con que nuestros antepasados acrecentaron sus familias, alcanzando tambien a escuchar las primeras intimidades de muchas parejas de actuales sesentones.

Armado de una agujeta, piola para coser los bordes y reata blanca para las bastas, el colchonero tocaba la puerta ofreciendo sus servicios, y como no faltaba en cada casa el clásico el colchón sin basta, su presencia era acogida de inmediato, señalándosele un lugar apartado de la casa o un patio para realizar la operación que implicaba: soltar todas las bastas, batir la lana, aumentarla, si fuera del caso, y volver a bastear hasta dejar el colchón como recién salido de la casa Villacrés Hermanos, pionera en la industrialización de colchones de lana de ceibo, cuyo almacén quedaba en la calle Diez de Agosto entre Pichincha y Pedro Carbo.

Cuando finalizaba su faena, el colchonero -que operaba con un pañuelo atado a la cara para proteger sus vías respiratorias y otro amarrado a la cabeza para cuidar su pelo- se iba sacudiendo con el trapo. Un reguero de pelusa lo seguía y nuestros estornudos le hacían coro a sus risas.

Los colchones retornaban a sus puestos con la amonestación materna de rigor:

-Ay del que vuelva a brincar en la cama y del que no avise cuando tenga ganas de orinar- Lo primero, dedicado a los aspirantes a cirqueros y lo segundo, a los niños más pequeños, por supuesto!

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lunes, 14 de noviembre de 2011

Oficios que se acabaron, el soldador

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Cuando evocamos periodos superados y proyectamos mentalmente las escenas que fueron parte de nuestro diario vivir, el trabajo de recrearlas en una crónica nos llena de grata emoción, y en ocasiones como la presente, nos lleca a revisar precedentes de una comunidad, donde la práctica de ingeniosos quehaceres permitió responder a las necesidades que el discreto sentido del ahorro fue dictando a nuestra sociedad pre-consumista, antes de que la enfermedad del despilfarro nos condujese a la alienación actual.

El Soldador
Pregonando su habilidad el hombre recorría la ciudad. Llevaba en su mano izquierda un fogoncito portátil, hecho de un tarro recortado y asa de alambre, lleno de carbones encendidos. En los bolsillos de su camisa de trabajo los pedazos de lija, un trozo de pez rubia, un frasquito con ácidos y barritas o alambres de aleación a base de estaño a la que gritaba a todo pulmón su melodiosa frase: "... Hay que soldáree..." y desaparecía dentro de algún zaguán para atender a la primera llamada.

Se sentaba en la escalera y preparaba su instrumental mientras aparecían las lavacaras, ollas, baldes, bacinillas, irrigadores, tazones, jarras, jarritos de fierro enlozado importado que hubiesen sufrido desportillamiento, mostrando lesiones de consideración. Tomando el objeto en sus manos, el soldador lo examinaba, pactaba el precio con la dueña y procedía a lijar el área afectada. Luego ponía unas gotas de ácido alrededor y frotaba con la pez. Enseguida, manejando el cautil con precisión de cirujano, aplicaba la soldadura (previamente puesta al fuego) y la pieza quedaba lista para ser sometida a prueba.

Al tiempo que trabajaba, conversaba explicándonos secretos de su oficio a los niños. Al marcharse dejaba en el ambiente el acre olor de sus elementos químicos. En nuestra mente, nuevos conocimientos. Y en la cocina, la batería en óptimas condiciones para prestar servicio por mucho tiempo más. Su pregón resonaba por las calles con bien timbrada voz:

-Hay que soldáree... Curiosidad Infinita - Conocimiento y curiosidades - Curiosidad Infinita - Curiosidad Infinita

jueves, 10 de noviembre de 2011

Los sencilleros

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Los almacenes del perímetro central, los caramancheles descritos y hasta los caminantes con sus pequeños charoles en equilibrio sobre la cabeza, observaban el código de buena conducta que norma y ampara la convivenciade toda sociedad civilizada. Más, creo que fueron los "sencilleros", quienes se llevaron las palmas en el ejercicio de un estilo comercial dentro del cual, la gentileza, el esfuerzo diario y la virtud del ahorro, fueron sólidas bases sobre las que muchos de ellos supieron levantar grandes fortunas.

¿Quiénes eran?
Por lo regular, inmigrantes recién llegados de origen árabe y judío que, deseosos de superar sus angustias económicas, emocionales y culturales, ajenos a los prejuicios del medio, se abrían paso, ayudados por otros paisanos con mayor tiempo de permanencia o por nacionales que les facilitaban el crédito, concediéndoles mercadería de importación, para la venta al detal.

Los árabes que se establecieron al finalizar el siglo XIX, tenían buenos almacenes de tejidos importados y en tales menesteres instruían a su gente. Entonces, con los cortes de tela al hombro, una vara de madera en la mano derecha y la pieza elegida como bandera abierta sobre el pecho, el sencillero se lanzaba a conquistar el puerto.

-A la bobelina barata, al fino cosibir.
-Combra barato. Combra siniorita.
-¡Ey!...Chss... Chss... ¡Sencillero!... ¡Suba!


Y sudando en invierno y verano, el sencillero caminaba de punta a punta la ciudad. Subía para entablar el negocio a crédito con las amas de casa, las empleadas domésticas, las costureras a quienes dejaban mercadería de buena calidad a precio recargadito, aunque con la ventaja del crédito sin garante, que se cubría en cómodas cuotas diarias, semanales, quincenales o mensuales, según lo convenido por él en su lengua mocha, lloriqueando que con tanta rebaja -el bobre baisano bierde blata- y la cliente, defendiendo sus ahorros.

Cerrada la venta, sacaba una libretita cochosa del bolsillo de su camisa, anotando cuidadosamente la fecha, el nombre y la cantidad, mientras le decía: -haber, la siniora Estrrada que bagará en tres bartes. y la señora pagaba sin atrasarse, por que la palabra de honor valía más de lo que hoy importa un documento garantizado por terceros.

Otros sencilleros de este valioso grupo étnico iban hacia los campos, trasbordando de las lanchas a las canoas de piezas, cargados de cortes de tela, zapatos, perfumes para las "madamas", medias finas, camisas, calzoncillos, adornos, espejos, etc., etc. Se internaban por los afluentes de nuestros grandes ríos y guiándose por su instinto de orientación, caminando a la sombra de las huertas cacaoteras, llegaban a los caseríos y a las haciendas donde eran siempre bien recibidos por nuestros campesinos, volviendo luego de algunos días, cargados de cacao, arroz, café, gallinas, pavos, patos y más productos del agro, que en veces recibían como resultado de las transacciones al trueque. El dinero lo traían en un saquillo de lienzo, para hacerlo crecer en inversiones mercantiles.

Huyendo de Hitler
En las postrimerías de los años treinta, comenzaron a arribar pequeños grupos de inmigrantes de origen judío, incrementando su número durante la II Guerra Mundial y al término de la misma. La colonia, que era muy pequeña y laboriosa en la ciudad, también les tendió la mano. Cumpliendo el mandato ancestral de este pueblo tan identificado y ligado a sus raíces, se ayudaban mutuamente y unos cuantos de los recién llegados se hicieron sencilleros, prefiriendo el ramo de la loza, artículos de hierro enlozado, jarros, peroles, cedazos y más cacharros que portaban amarrados artísticamente, uno en cada mano. Luego circulaban en bicicleta, con las bastas del pantalón metidas dentro de las medias y éstas, sujetas por ligas de caucho, para llegar hasta los lugares más apartados de la urbe, esquivando a los perros, los charcos de lodo del invierno y las sartenejas del verano. Educados y atentos, saludaban finamente a su cliente, entablando un diálogo en el que iban practicando nuestro idioma:

-Buenos días señoga. Oiga vea esta magavilla. Boigna compga. Bagata.
-¿No rebaja?...
-No señoga. Pgrecio unigo. Imposible más bagato. Todo impogtado.
-¿Pero le pago en cuatro partes?...
-No seg progglema. Yo venig todos los días.

Y todos los días iba el sencillero judío a cobrar. Usaba tarjetas de colores, una por cliente, donde dejaba perfectamente registrados los datos personales, direcciones, cifras, atrasos, etc., etc., etc. Eso sí, no daba tregua a morosos ni perdón a tramposos, a quienes era capaz de perseguir por los siglos de los siglos, como asevera mi amigo Alberto Valdivieso, que todavía cruza a la vereda de enfrente cuando pasa por un negocio muy conocido para esquivar la mirada de un anciano comerciante, al que -cuando era sencillero- dejó de pagar las cuotas de un reloj muñequera comprado para la enamorada, porque ésta se le fue con otro.

¡Ah! qué diferente es hoy eso de luchar por la vida haciendo fortuna bien habida y poco a poco, como supieron trabajar tantos inmigrantes positivos, cuyos descendientes -a lo mejor- ni se interesan por recordar el ejemplo de su honrosa trayectoria. Curiosidad Infinita - Conocimiento y curiosidades - Curiosidad Infinita - Curiosidad Infinita

domingo, 30 de octubre de 2011

Halloween o Noche de brujas

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Sea ésta, una tradición foránea a los países latinoamericanos, cabe destacar que ha obtenido gran acogida a lo largo de varios años (creo que principalmente por la intromisión de la cultura norteamericana que nos bombardea cada vez más con practicas consumistas de primer mundo... pero que se le va a hacer si están por todas partes!).

La tradición del Halloween o noche de brujas -originalmente All Hallows Eve, en español Vispera de Todos los Santos-, una festividad pagana celta proveniente de Europa y parte de Asia menor, ésta denotaba el termino del verano y tiempo de la cosecha ya que justamente coincidía con el otoño, para estos pueblos representaba el fin de la muerte y el inicio de un nuevo ciclo de vida, era el año nuevo para ellos.

En varios países se celebra esta fecha en días cercanos, como el Día de los difuntos o día de muertos, celebración en la cual se conmemora en los cementerios y en iglesias de varias religiones, en esta lista se puede ver como los diferentes países celebran esta fecha en honor a sus difuntos.


¿Por que las calabazas?
esto se debe a la siguiente leyenda:
Hace muchos años, en la noche de brujas, un hombre conocido como Jack el tacaño, tuvo la mala fortuna de encontrarse cara a cara con el mismísimo diablo en una taberna. Jack, como siempre, había bebido durante toda la noche, aun así pudo engañar al diablo ofreciéndole su alma a cambio de un último trago y de que pagara las bebidas. El diablo aceptó y se convirtió en una moneda para pagar al camarero, pero Jack decidió rápidamente quedarse la moneda guardándola en su bolsillo junto a una cruz de plata y así impedir que el diablo se liberara y que adoptase de nuevo su forma original hasta que prometiera no pedir su alma en diez años. El diablo no tuvo más remedio que aceptar.

Diez años más tarde, Jack y el diablo se encontraron en un bosque para saldar su deuda. El diablo estaba dispuesto a llevarse consigo su alma, pero Jack pensó rápido y dijo: "Como último deseo... ¿Podrías bajarme aquella manzana de ese árbol por favor?". El diablo pensó que no perdía nada, y de un salto llegó a la copa del árbol, pero antes de que el diablo se diese cuenta, Jack marcó rápidamente una cruz en la corteza del árbol. Entonces el diablo no pudo bajar. Jack le obligó, una vez más, a prometer que jamás le pediría su alma nuevamente. El diablo no tuvo más remedio que aceptar.

Jack murió unos años más tarde, pero no pudo entrar en el paraíso, pues durante su vida había sido un borracho y un estafador. Pero cuando intentó entrar en el infierno, el diablo lo reconoció y lo envió de vuelta por no faltar a la promesa de tomar su alma. "¿Adónde iré ahora?", preguntó Jack, y el diablo le contestó: "Vuelve por donde viniste". El camino de regreso era oscuro y frío, no se podía ver nada..El diablo le lanzó a Jack un carbón encendido desde el mismísimo infierno, para que pudiera guiarse en la oscuridad, y Jack lo puso en un nabo que había vaciado para que no se apagara con el viento.

Ahora Jack vaga sin rumbo con su linterna para toda la eternidad.

Los irlandeses solían utilizar nabos para fabricar sus "faroles de Jack", pero cuando los inmigrantes llegaron a Estados Unidos advirtieron que las calabazas eran más abundantes que los nabos. Por ese motivo, surgió la costumbre de tallar calabazas para la noche de Halloween y transformarlas en faroles introduciendo una brasa o una vela en su interior. El farol no tenía como objetivo convocar espíritus malignos sino mantenerlos alejados de las personas y sus hogares.


Pero bueno, debido a que las tradiciones van cambiando de generación en generación (aunque sea en cierto grado) varios de estos países han acogido ciertas costumbres del Halloween norteamericano, como salir a pedir dulces, fiestas y concursos con disfraces, y ya que es una fecha especial por que no contar historias de fantasmas.

Para finalizar una historia de terror, de aquella serie de los 90 que a muchos nos atrajo con sus cuentos de miedo relatados por sus jóvenes integrantes pertenecientes a la Sociedad de la media noche... Are you afraid of the dark? o Le temes a la oscuridad? transmitida por Nickelodeon, que justamente inició la programación de la serie el 31 de octubre de 1990.

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domingo, 23 de octubre de 2011

El placer de regalar

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Quien diga que no le gusta recibir regalos está faltando a la verdad. Y quien mifieste que nunca los ha hecho, incumple con la sinceridad. Pues, el gesto de escoger y ofrecer un presente, es la forma elemental de halagar a alguien que consideramos especial depositario de nuestro afecto, simpatía, admiración, amistad o gratitud.

Esta práctica que hasta entre los representantes del reino animal tiene sus manifestaciones muy hermosas, va perdiendo significación y sutileza cuando sus verdaderas motivaciones se confunden para pasar a constituirse en una absurda lid de cifras impersonales, sujetas a tarifas de cuotas que nuevas normas sociales han impuesto como distintivo de mal gusto entre nosotros.

Regalos para la santa
Para los santos o cumpleañeros, aparecían tempranito los ahijados, abrazando una gallina o un pato gordo, adornados con lazos de cinta roja en el pescuezo. Luego las tías mayorcitas con sus cajitas de pañuelos suizos y sus tapetes tejidos a crochet. Las abuelitas con cortes de tela, zapatos de charol o cadenitas de oro y medalla, acompañadas del cariñoso mensaje manuscrito. Más tarde, los amigos y demás familiares con sus presentes igualmente seleccionados de acuerdo a sus ingresos y a lo que intuían de nuestro agrado y de utilidad personal.

Los regalos, que solo se tanteaban y agradecían de todo corazón, no se abrían frente a la concurrencia sino al término de la reunión, resultando por lo regular beneficiados con un surtido de jabones de olor, colonias, talcos, que duraban para todo el año; así como otros objetos, por ejemplo abanicos, prendedores, aretes, etc., que con mucha emoción desempaquetábamos, para disponernos a lucir.

Regalos de enamorados
Bombones Perugina, cajitas de música, discos de Frank Sinatra y Doris Day, libros de poesía de Amado Nervo y Rubén Dario, eran -entre otros- los primeros regalos de enamorados que, según se intensificaban los sentimientos iban subiendo de categoría hacia colonia Yardley del Bazar Mickey y perfumes de Guerlain del Bazar Suizo o de Chanel importado por Gallardo.

Posteriormente venía el estuche de las alhajas: media caña de oro con monograma, aretes de zafiro azul, colgante de corazón atravesado, con iniciales grabadas al reverso para ellas. Broches de camisa, prendedores de corbata y medallita de la Virgen con monograma, para ellos. Todo lo cual, en caso de rompimiento, era devuelto con carta final y sin espera de respuesta, so pena de incurrir en falta de delicadeza y aprovechamiento indebido de las prendas.

Regalos de matrimonio
Para los matrimonios, que generalmente se celebraban en las casa, se arreglaba un cuarto destinado a la exhibición de obsequios que empezaban a llegar dos o tres días antes del evento. Planchas, juegos de té y de café en porcelana, floreros y ceniceros de cristal, bandejas, fuentes, lámparas, vasos y más artículos para el hogar. De todo, repetido y por medias docenas, en elegantes y aparatosos estuches forrados de raso y con su respectiva tarjeta de identificación.

Los únicos que regalaban dinero eran los padres de ambos novios y esos cheques se colocaban en una vitrina junto a las joyas obsequiadas por los padrinos y testigos. Claro que en veces las cifras que despertaban admiración, eran de fugaz vigencia. Pues terminada la fiesta, los cheques se cambiaban por el valor real que retiraban los novios a su retorno del viaje de bodas, cuando tenían que vérselas con el cargamento de las cajas que copaban toda una habitación y la selección de los objetos repetidos, muchos de los cuales servían, felizmente, para cumplir compromisos futuros, de los próximos tres años por lo menos.

De prácticos a limosneros
Obrando quizá con sentido práctico, la costumbre de hacer regalos individuales para las bodas fue cambiándose por la del regalo colectivo al que podíamos sumarnos sin imposición de cantidades determinadas. Y de este procedimiento, cierta gente carente de calidad y de buen gusto, derivó hacia el manejo de las cuotas con tarifas que hoy constituyen duros sablazos aplicados a quienes son capaces de vender el alma al diablo con tal de verse incluidos entre los invitados de baby showers, despedidas de soltería, matrimonios en el "Club (léase de la Unión)" o cumpleaños, donde comedidas limosneras, llegando el momento, estelarizan su mal gusto, pasando un sobrecito que circula de mano en mano, para recoger los cheques y billetes que entregarán a la anfitriona, como si estuviesen cancelándole el valor de atenciones que ésta se ha esmerado en ofrecer.

Quienes hacen eso que llaman "activa vida social", saben que se estila añadir el número de la cuenta bancaria en invitaciones a los matrimonios, para que los valores en contante y sonante sean depositados a nombre de los novios. Será por esto que como desquite los invitados cargan con los adornos de las mesas, las velas, los pedazos de mantel, las botellas de licot, los grandes trozos de torta y salen criticando después de atacar como langostas el servicio del bufet.

¡... Ah, Guayaquil de mis nostalgias!... A veces pienso que te idealizo demasiado, recordando aquellos tiempos en los que un detalle pequeño, un abrazo sincero, llenaba de gozo al corazón, enseñando a apreciar los verdaderos valores, dentro de los cuales, la individualidad y la libertad de comportarnos como seres auténticos jamás cedieron paso a la esclavizante presión de aparentar, por la que hoy tanta gente ostentosa vive enfermándose de estrés.

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domingo, 16 de octubre de 2011

Autógrafos y acrósticos

Siguiendo los pasos de otras generaciones que tuvieron por costumbre dedicarse postales, hacerse comadres de papelito, enviarse partituras musicales y poemas manuscritos, las amigas solíamos expresarnos cariño y simpatía copiando ingenuas estrofas populares, construyendo floridas frases rimadas y hasta pequeños poemas que resumaban transparencia afectiva, sinceros y hasta pequeños poemas que resumaban transparencia afectiva, sinceros pensamientos, impresos en las páginas de color pastel de unos libritos de autódgrafos personales, bellamente empastados que nos regalaban para los cumpleaños o comprábamos donde Castagnetto, Janer, F. Bravo S., y en la Editorial El Mundo de don Cucho Pérez Castro.

Empezando a dominar el arte de la escritura, iniciábamos el intercambio de inolvidables dedicatorias que tuve la emoción de releer en dos de aquellos tesoritos, pertenecientes a una querida condiscípula y amiga, ("lora" de la Inmaculada) a quien agradezco la generosidad de tal envío, reproduciendo nuestros "clásicos" que harán antología, por el valor sentimental que encierran para toda la generación que supo aquilatar la amistad desde la escuela, liberándola de cálculos y conveniencias para consolidarla a través de los años y de las diferentes circunstancias de la vida.

Nellicita

Dos violetas en el agua
no se pueden marchitar
Dos amigas que se quieren
no se pueden olvidar. Firma, María Inés.
.................
Del cielo bajó un pintor
para pintar tu hermosura
y al verte tan preciosa,
se le regó la pintura... Te quiere mucho, Azucena.
.................
Para rey nació David
para sabio Salomón
para llorar Magdalena
y para quererte yo. Tu amiga Rocío.
..................
En el cielo las estrellas
se unen de dos en dos
no le digas a nadie
que nos queremos los dos. Sinceramente, Gloria.
..................
Yes, yes en inglés
piano, piano en italiano
lo que te quiere esta amiga
te lo dice en castellano. Esperanza.
..................
La que te escribe es la pluma
la que dicta es el alma
la que te quiere y te estima,
ya sabes cómo se llama. Gladicita.
..................
Soy la última en firmarte
pero la primera en recordarte. Lolita.
..................

Más adelante progresábamos en conocimientos gramaticales y dándonos de literatas, filosofando o idealizando la emoción, recurríamos a las flores, al sol, las estrellas, la luna, el mar, para redactar complicados acrósticos con métrica y rima, tomando de base la inicial del nombre de la amiga, los mismo que se ofrecían en los cumpleaños y ocasiones especiales en prueba de imperecedera amistad.

En veces los acrósticos provenían de los primeros admiradores y podían encerrar una completa declaración de amor. En otras, las autoras eran las maestras que a manera de estímulo los dedicaban a las alumnas distinguidas, manifestándoles simpatía, exitosos augurios, felicitaciones y consejos; como el ejemplo siguiente perteneciente al álbum de recuerdos de una ex alumna del colegio Guayaquil, a quien su profesora de moral y cívica se lo hizo con nombre y apellido:

Luce siempre tu cultura
Inocente cual violeta
Lozana, fresca y suave
Ignorando lo vulgar
Aprende todo lo bueno
No pierdas nunca tu
Tiempo
En cosas que te hagan mal
Principio fundamental?...
Amarás a tu prójimo
Razonando sus errores y
Aprendiendo a perdonar. (f) Dra Rebeca Gamboa

Y aunque hablar de sentimientos puros entre amigas y tratar de expresarlos por escrito en el presente podría catalogarse de una ridiculez (o evitarse en salvaguarda de tanta dudosa ambigüedad), quienes supimos sembrar buenos afectos en la infancia y los fuimos cultivando a través del tiempo, hoy cosechamos la dicha de lo que ellos representan. Tal como dice esta estrofa que dejé para el final:
La amistad es un tesoro
que brota del corazón
vale más que plata y oro
es alegría, es consuelo
y nos llena de emoción.

fuente: "Del tiempo de la yapa" 5ta edicion - aut. Jenny Estrada

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domingo, 9 de octubre de 2011

Los 60's: La Revolución Cultural!

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Ya hace bastante tiempo pasó la época del amor libre, del pensamiento revolucionario y de la libertad predicada, allá, por la década de los 60. Por ahora quedan recuerdos de una era que "rugía" ante el conformismo, y que cambió drásticamente el pensar de las personas sobre los parámetros sociales de aquél entonces, sobre todo, a los jóvenes de aquella época.

Las faldas se reducían, los cabellos se alargaban, y una nueva ola de talentos estaba por explotar en la decada de los 60's; Hombres que llegaban a la Luna, Beatles por todas partes, "Monroe's" siendo desplazadas, y una era que marcó el resto de la historia... Estos fueron los 60's!

Ocurrió en 1964, cuando Mary Quant, diseñadora de moda británica, puso los pelos de punta a la Iglesia al presentar su controversial creación: la minifalda, que alcanzó los escandalosos 34 cm de largo. Con un estilo sencillo, colorista y extravagante, los diseños de Quant se impusieron a la formalidad y seriedad, propios de Coco Chanel, que caracterizaban la moda hasta entonces. Su boutique Bazaar, en Kings Road, se convirtió en el epicentro de la moda londinense de la época.

Twiggy, Leslie HornbyAsimismo, las sensuales curvas de Marilyn Monroe que reinaban en los años cincuenta fueron desplazadas por la extrema delgadez de la modelo y cantante británica Leslie Hornby, conocida popularmente como Twiggy. Debido a su peso y estatura nunca creyó que tendría éxito en el mundo del modelaje, hasta que por recomendación de una amiga se presentó en una revista donde reconocieron sus interesantes facciones, pero decidieron darle un nuevo estilo a su cabello.

Así fue como Leonard, un estilista de la época, probó en ella su nuevo corte de cabello, el cual marcaría su carrera: el pelo rubio platino, muy corto y engominado, con raya a un lado. Con su nuevo look enviaron a Twiggy donde Barry Lategan, quien le hizo la fotografía que años más tarde la llevaría a Nueva York para ser portada de la revista Vogue.

Gracias a esta fotografía fue descubierta por Deirdre McSharry y en 1966 el periódico inglés Daily Express la declaró rostro del año.

the beatlesAl mismo tiempo, cuatro jóvenes británicos comenzaban a vender millones de copias de sus canciones en Reino Unido. Los temas Love me do y She loves you eran solo el inicio de la fiebre que John Lennon, Paul McCartney, Ringo Starr y George Harrison desatarían en el mundo haciendo delirar a millones de jovencitas en sus conciertos.

Con Los Beatles, el mundo entero centró sus ojos en el rock británico que se imponía rápidamente y Gran Bretaña desplaza a Italia y Francia y se transforma en el centro de la efervescencia cultural de los años sesenta, movimiento que fue acuñado bajo la expresión Swinging London por la revista Time en su número del 16 de abril de 1966.


Flequillos satánicos
Pero Los Beatles no solo marcaron un referente musical. También fueron percibidos como los pioneros de importantes cambios sociales, culturales y ecológicos. Su vestimenta y peinado se convirtieron en una expresión de rebeldía entre los jóvenes de la época. Su cabello, inusualmente largo para ese tiempo, fue objeto de escarnio de muchos adultos, pero ampliamente adopta do como emblema cultural de la juventud. De igual forma, su ropa marcó una tendencia que permanece hasta nuestros días: chaquetas Nehru, entalladas de tres botones, jerseys de cuello alto y corbatas más cortas.

minifalda
Pestañas largas, faldas cortas
Entre las chicas, la moda de esta década fue el inicio de la revolución femenina. Con la cultura pop comienza el uso de estampados coloridos y la tela da paso a otros materiales como el plástico en vestidos y accesorios como carteras, aretes y collares.

Se imponen las botas, combinadas a menudo con vestidos cortos o minifaldas con formas geométricas y rectas que mostraban abiertamente las piernas.

Las mujeres se maquillan los ojos con gruesas líneas negras y pestañas postizas. También el peinado flip (estilo que consistía en dar volumen al cabello en la parte superior con los extremos hacia fuera como un rizo a la altura de la barbilla) fue muy popluar entre las jóvenes de la época.

Y es un estilo que permanece. Actrices y cantantes han revivido de muchas maneras los colores y vestidos que revolucionaron los años sesenta. Drew Barryomre, Nikki Hilton, Megan Fox, Jessica Alba, entre otras, son algunas de sus principales exponentes. Sin embargo, la influencia no se reduce solo a la ropa. La actriz británica Emma Watson, popular por su papel de Hermione en la saga de Harry Potter, sorprendió recientemente a la prensa al aparecer con un corte de cabello muy similar al de Twiggy.

hippie, hippies, flower powerLos hippies y el Flower power
Al estallar la guerra de Vietnam en Estados Unidos, se produce una división entre el pensamiento de los adultos y jóvenes de la época. Es entonces cuando los hippies aparecen con mensajes en contra de la guerra y su Flower Power como símbolo de la no violencia. Filosofía que también se reflejaría en su forma de vestir.

Con ellos se instalan los jeans campana, ceñidos hasta la rodilla y luego anchos, enormes gafas redondas, camisetas teñidas en colores brillantes, blusas de algodón y chaquetas de cuero inspiradas en ropas nativas americanas (cherokee), de la India o africanos. Incluso muchos de ellos confeccionaban su propia ropa como símbolo de protesta a la cultura consumista.

Woodstock, 1969, Festival
Los hombres abandonan la imagen semiformal y se dejan la melena, las mujeres llevan el cabello largo y liso, e incluso algunas deciden andar descalzas y sin sostén. La comunidad negra impone el estilo afro de cabello. El festival de Woodstock, Three days of peace and music, en 1969 congregó a cerca de 400.000 espectadores que compartían esta tendencia: la paz y el fin de la guerra de Vietnam.

Han pasado 50 años desde que terminó esta década, pero su mensaje permanece en la memoria de quienes vivieron este periodo de fuertes conflictos y cambios sociales y que marcó el camino de las nuevas generaciones.

Fuente: La Revista

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sábado, 1 de octubre de 2011

Los niños de París

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Fue seguramente con la intención de prolongar nuestra inocencia que los padres de antaño afanaron su imaginación  inventando argumentos fabulosos, como recursos válidos al respondernos interrogantes comunes a todos los seres humanos del planeta, frente al origen de la vida.

Productos ellos mismos de ancestrales deformaciones culturales y religiosas, evitaban hablar del tema sexual y hasta las más sencillas manifestaciones afectivas como besos y tiernos abrazos entre esposos, volvíanse tabú frente a los hijos. De modo que crecíamos con un poco fuera de la realidad, creyendo a pie juntillas en muchos cuentos graciosos como el que les convido a recordar.

Van a tener un hermanito
La noticia transmitida a media voz, era motivo de alegría general. Queríamos saberlo todo: ¿cuándo vendrá, cómo será, a quién se parecerá, qué nombre llevará...?
-Lo hemos encargado a París y cuando esté listo, una cigüeña va a traerlo.
-Y nosotros, que en materia de pájaros picudos sólo habíamos visto de cerca a las garzas, nos dedicábamos a observar atentamente la figura portando un hermoso bultito que abuelas y tías bordaban en sabanitas de batista, camisitas de opal, almohadones y batones de olán.


-Mami, qué le pasa a tu barriga...?
-Engordé por comer mucho- o si no- Me he tragado un globo inflado-
Y con eso se calmaba nuestra ansiedad, por que habían muchos otros detalles que ocupaban toda la atención familiar.

El papá muy complaciente y ajetreado, llegaba un día con la canastilla y después de dos, con el Moisés; las lavacaras nuevas, otro irrigador, una pieza de tela Emperatriz que tijereteaban en cuadrados, transformándola en pañales hilvanados. Y cada semana más gallinas cacareaban en el patio.

la cigueña, bebé de París¡La cigüeña está al llegar!

Las visitas jugaban ubicando una cuchara y un cuchillo debajo de dos almohadones distintos, de los cuales, el que elegía la pipona determinaba, supuestamente, el sexo del bebé. Así pasaban los meses y antes de que el médico hiciese su aparición, otro personaje entraba a escena, con maleta, traje blanco y peinetas de carey. Se trataba de la partera de confianza, comadrona, consejera y enfermera, que se instalaba en la casa, por que era en su propio dormitorio donde las señoras daban a luz. Así se acostumbraba y a nadie se le hubiese ocurrido discutir que podría existir lugar más idóneo que el hogar, a la hora de parir.


Doña Barbarita Ronquillo -matrona de gran prestancia local- inspeccionaba la habitación. Daba instrucciones precisas para poner tablas fuertes bajo el colchón. Armaba un altarcito con los santos de su mayor devoción y preparaba el purgante de aceite de castor. Tanteaba la colocación del muchacho, masajeaba el globo inflado y cuando consideraba que el momento había llegado, mandaba elegir entre los doctores Jorge Wagner, Camilo Nevárez, Arturo Serrano o Pancho Ramírez Navas. Al tiempo que cerraba puertas y ventanas, pedía que alejen a los niños y que vayan torciéndole el pescuezo a la gallina; pues, con la última marea de vaciante, aunque los facultativos lo dudasen, la criatura se vendría.

Confinados al cuarto de atrás, intentábamos mirar por las rendijas de las paredes de madera, asomados a la ventana, con los ojos bien abiertos, esperábamos el aleteo o cualquier otra señal del pajarraco, temiendo que al haberle cerrado los accesos a la habitación, la cigüeña no pudiese penetrar.

De pronto, un llanto de recién nacido interrumpía la vigilia. El prodigio renovado de la vida humana se había hecho realidad sin que nosotros nos percatásemos del suceso. ¿Por dónde había entrado la cigüeña...? ¿Quién la vio...? Barbarita decía que el parto había sido muy difícil y celebraba junto al doctor, presentándonos el pequeño envoltorio donde resaltaba la carita enrojecida de otra "chancletita" que se sumaba a la ya larga descendencia femenina familiar.


La cuarentena
Bajo el toldo, vendada para no quedar pipona y aislada del esposo, a fin de evitar la tentación antes de tiempo, mantenían cuarenta días -como reina- a la parida. Gallina diaria en caldo sustanciosos, colada de avena, agua de nogal, yerba de Paraguay, té con leche, caldo de jeta, ayudándola a engrosar el caudal diluido; cuidado de las corrientes y nada de alimentos hinconosos, en previsión del temido sobreparto.

bebé recien nacido, nacimiento, bebé

El bebé permanecía sin bañarse hasta la caída del ombligo. Los pañales bien hervidos se recogían al atardecer antes de que les diera el sereno, para ubicarlos sobre el brasero y sahumarlos con alhucema, fragancia que traspasaba rincones y paredes, esparciéndose hacia la calle. En la hamaca, orgullosa de su rol, la abuela se mecía con el pimpollo, entonando una canción preñada de ternura y lejanísima tradición:

A la rurru raca
ya parió la gata
cinco borriquitos
y una garrapata
Aaaaa...♪♫
Así fue como vinimos al mundo "los niños de París", a bordo de una cigüeña y sin perder la nariz; hasta el año 1948, en que la Junta de Beneficencia inauguró el hospital de maternidad "Enrique C. Sotomayor", donde empezaros a nacer los niños de Guayaquil, que hoy saben desde chiquitos cómo se hacen los bebés.

fuente: "Del tiempo de la yapa" 5ta edicion - aut. Jenny Estrada

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domingo, 25 de septiembre de 2011

Historia de la Música Negra Capítulo 6: Rhythm & blues

SOUL DEEP: THE STORY OF BLACK POPULAR MUSIC BBC | 2005

Capítulo final de esta mini serie que nos ha llevado a través de la historia musical negra Estadounidense, aquí veremos como se fusiona el Rhythm & Blues con el Hip Hop llevando la música a predominar en las radios centrándose en la figura de Mary J. Blige, y a expandirse el nuevo ritmo a nivel mundial, con artistas como Beyonce, Destiny's Child.

Capitulo 6: Rhythm & blues 
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