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lunes, 14 de noviembre de 2011

Oficios que se acabaron, el soldador

soldador, hojalatero, reparador de ollas, antaño
Cuando evocamos periodos superados y proyectamos mentalmente las escenas que fueron parte de nuestro diario vivir, el trabajo de recrearlas en una crónica nos llena de grata emoción, y en ocasiones como la presente, nos lleca a revisar precedentes de una comunidad, donde la práctica de ingeniosos quehaceres permitió responder a las necesidades que el discreto sentido del ahorro fue dictando a nuestra sociedad pre-consumista, antes de que la enfermedad del despilfarro nos condujese a la alienación actual.

El Soldador
Pregonando su habilidad el hombre recorría la ciudad. Llevaba en su mano izquierda un fogoncito portátil, hecho de un tarro recortado y asa de alambre, lleno de carbones encendidos. En los bolsillos de su camisa de trabajo los pedazos de lija, un trozo de pez rubia, un frasquito con ácidos y barritas o alambres de aleación a base de estaño a la que gritaba a todo pulmón su melodiosa frase: "... Hay que soldáree..." y desaparecía dentro de algún zaguán para atender a la primera llamada.

Se sentaba en la escalera y preparaba su instrumental mientras aparecían las lavacaras, ollas, baldes, bacinillas, irrigadores, tazones, jarras, jarritos de fierro enlozado importado que hubiesen sufrido desportillamiento, mostrando lesiones de consideración. Tomando el objeto en sus manos, el soldador lo examinaba, pactaba el precio con la dueña y procedía a lijar el área afectada. Luego ponía unas gotas de ácido alrededor y frotaba con la pez. Enseguida, manejando el cautil con precisión de cirujano, aplicaba la soldadura (previamente puesta al fuego) y la pieza quedaba lista para ser sometida a prueba.

Al tiempo que trabajaba, conversaba explicándonos secretos de su oficio a los niños. Al marcharse dejaba en el ambiente el acre olor de sus elementos químicos. En nuestra mente, nuevos conocimientos. Y en la cocina, la batería en óptimas condiciones para prestar servicio por mucho tiempo más. Su pregón resonaba por las calles con bien timbrada voz:

-Hay que soldáree... Curiosidad Infinita - Conocimiento y curiosidades - Curiosidad Infinita - Curiosidad Infinita

Hay 1 Comentario, ¿Dejas el tuyo? :)

Jhk-Canter-one dijo...

Fabulosa descripción, te dejo mi blog:
http://cest-a.blogspot.mx/

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