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domingo, 9 de octubre de 2011

Los 60's: La Revolución Cultural!

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Ya hace bastante tiempo pasó la época del amor libre, del pensamiento revolucionario y de la libertad predicada, allá, por la década de los 60. Por ahora quedan recuerdos de una era que "rugía" ante el conformismo, y que cambió drásticamente el pensar de las personas sobre los parámetros sociales de aquél entonces, sobre todo, a los jóvenes de aquella época.

Las faldas se reducían, los cabellos se alargaban, y una nueva ola de talentos estaba por explotar en la decada de los 60's; Hombres que llegaban a la Luna, Beatles por todas partes, "Monroe's" siendo desplazadas, y una era que marcó el resto de la historia... Estos fueron los 60's!

Ocurrió en 1964, cuando Mary Quant, diseñadora de moda británica, puso los pelos de punta a la Iglesia al presentar su controversial creación: la minifalda, que alcanzó los escandalosos 34 cm de largo. Con un estilo sencillo, colorista y extravagante, los diseños de Quant se impusieron a la formalidad y seriedad, propios de Coco Chanel, que caracterizaban la moda hasta entonces. Su boutique Bazaar, en Kings Road, se convirtió en el epicentro de la moda londinense de la época.

Twiggy, Leslie HornbyAsimismo, las sensuales curvas de Marilyn Monroe que reinaban en los años cincuenta fueron desplazadas por la extrema delgadez de la modelo y cantante británica Leslie Hornby, conocida popularmente como Twiggy. Debido a su peso y estatura nunca creyó que tendría éxito en el mundo del modelaje, hasta que por recomendación de una amiga se presentó en una revista donde reconocieron sus interesantes facciones, pero decidieron darle un nuevo estilo a su cabello.

Así fue como Leonard, un estilista de la época, probó en ella su nuevo corte de cabello, el cual marcaría su carrera: el pelo rubio platino, muy corto y engominado, con raya a un lado. Con su nuevo look enviaron a Twiggy donde Barry Lategan, quien le hizo la fotografía que años más tarde la llevaría a Nueva York para ser portada de la revista Vogue.

Gracias a esta fotografía fue descubierta por Deirdre McSharry y en 1966 el periódico inglés Daily Express la declaró rostro del año.

the beatlesAl mismo tiempo, cuatro jóvenes británicos comenzaban a vender millones de copias de sus canciones en Reino Unido. Los temas Love me do y She loves you eran solo el inicio de la fiebre que John Lennon, Paul McCartney, Ringo Starr y George Harrison desatarían en el mundo haciendo delirar a millones de jovencitas en sus conciertos.

Con Los Beatles, el mundo entero centró sus ojos en el rock británico que se imponía rápidamente y Gran Bretaña desplaza a Italia y Francia y se transforma en el centro de la efervescencia cultural de los años sesenta, movimiento que fue acuñado bajo la expresión Swinging London por la revista Time en su número del 16 de abril de 1966.


Flequillos satánicos
Pero Los Beatles no solo marcaron un referente musical. También fueron percibidos como los pioneros de importantes cambios sociales, culturales y ecológicos. Su vestimenta y peinado se convirtieron en una expresión de rebeldía entre los jóvenes de la época. Su cabello, inusualmente largo para ese tiempo, fue objeto de escarnio de muchos adultos, pero ampliamente adopta do como emblema cultural de la juventud. De igual forma, su ropa marcó una tendencia que permanece hasta nuestros días: chaquetas Nehru, entalladas de tres botones, jerseys de cuello alto y corbatas más cortas.

minifalda
Pestañas largas, faldas cortas
Entre las chicas, la moda de esta década fue el inicio de la revolución femenina. Con la cultura pop comienza el uso de estampados coloridos y la tela da paso a otros materiales como el plástico en vestidos y accesorios como carteras, aretes y collares.

Se imponen las botas, combinadas a menudo con vestidos cortos o minifaldas con formas geométricas y rectas que mostraban abiertamente las piernas.

Las mujeres se maquillan los ojos con gruesas líneas negras y pestañas postizas. También el peinado flip (estilo que consistía en dar volumen al cabello en la parte superior con los extremos hacia fuera como un rizo a la altura de la barbilla) fue muy popluar entre las jóvenes de la época.

Y es un estilo que permanece. Actrices y cantantes han revivido de muchas maneras los colores y vestidos que revolucionaron los años sesenta. Drew Barryomre, Nikki Hilton, Megan Fox, Jessica Alba, entre otras, son algunas de sus principales exponentes. Sin embargo, la influencia no se reduce solo a la ropa. La actriz británica Emma Watson, popular por su papel de Hermione en la saga de Harry Potter, sorprendió recientemente a la prensa al aparecer con un corte de cabello muy similar al de Twiggy.

hippie, hippies, flower powerLos hippies y el Flower power
Al estallar la guerra de Vietnam en Estados Unidos, se produce una división entre el pensamiento de los adultos y jóvenes de la época. Es entonces cuando los hippies aparecen con mensajes en contra de la guerra y su Flower Power como símbolo de la no violencia. Filosofía que también se reflejaría en su forma de vestir.

Con ellos se instalan los jeans campana, ceñidos hasta la rodilla y luego anchos, enormes gafas redondas, camisetas teñidas en colores brillantes, blusas de algodón y chaquetas de cuero inspiradas en ropas nativas americanas (cherokee), de la India o africanos. Incluso muchos de ellos confeccionaban su propia ropa como símbolo de protesta a la cultura consumista.

Woodstock, 1969, Festival
Los hombres abandonan la imagen semiformal y se dejan la melena, las mujeres llevan el cabello largo y liso, e incluso algunas deciden andar descalzas y sin sostén. La comunidad negra impone el estilo afro de cabello. El festival de Woodstock, Three days of peace and music, en 1969 congregó a cerca de 400.000 espectadores que compartían esta tendencia: la paz y el fin de la guerra de Vietnam.

Han pasado 50 años desde que terminó esta década, pero su mensaje permanece en la memoria de quienes vivieron este periodo de fuertes conflictos y cambios sociales y que marcó el camino de las nuevas generaciones.

Fuente: La Revista

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Loor al 9 de Octubre.


(clic para agrandar)
Igual que todas las ciudades del mundo, la nuestra tiene su fiesta mayor que por historia y tradición fue celebrada cada 9 de octubre, en conmemoración a la gesta independentista de 1820; gracias a la cual pudieron los guayaquileños sentirse dueños de su heredad y ciudadanos libres para arrumbar sus destinos, como entes individuales y colectividad de innegable importancia nacional.

A fin de resaltar merecidamente esa fecha tan especial para nosotros, afloraba el civismo expresado de muchas maneras: concursos de oratoria, juegos florales literarios, retretas en los parques, embanderamiento de las calles, sesiones solemnes, inauguraciones, competencias deportivas, premiaciones y grandiosos desfiles, en los que la gallardía y la belleza de jóvenes estudiantes se lucía rindiendo homenaje a sus próceres y a las máximas autoridades del Estado.

Preparativos
Dos meses antes, por lo menos, y en horarios fuera de clases, las bandas comenzaban a ensayar por las calles aledañas a los planteles educativos. Marchas prusianas y elegantes pasos del tambor mayor, en atención a la solemnidad del evento. Los vecinos se asomaban a contemplaros y los chiquillos los seguían, imitando los giros de esquina, el paso de ganso y la orden ¡¡Atención, firr!! del instructor.

Inolvidables cachipórreros, como Boris Toledo, de la Escuela Superior Naval; Eduardo Cevallos Rendón, del colegio lasallano San Jóse; Lucho Moreno San Lucas, del salesiano Cristóbal Colón y la legendaria Aurora "Yaya" Moreno Usubillaga, primera mujer que condujo la banda de guerra del colegio de señoritas Guayaquil, eran los paradigmas entre aspirantes al honor máximo de representar a su plantel en esas fiestas.
Las bastoneras, cheerleader y los acróbatas pertenecían a los circos, donde su espectáculo tenía razón de ser y a nadie se le hubiese ocurrido incluirlos en un acto público de carácter cívico; porque marchar en el desfile de octubre era para cualquier adolescente el mayor de los honores.

En primer lugar, ser elegido para integrar escuadras o portar el estandarte constituía una distinción a la cual se hacían acreedores por aplicación y buena conducta los mejores y tomar parte en el desfile entrañaba, además del entusiasmo, un profundo sentimiento de patria que había que saber expresar con disciplina, garbo y respeto, sobre todo, cuando se estaba representando a su plantel.

La Fiesta era de todos
Mientras los estudiantes nos preparábamos, el ambiente de la ciudad iba tomando color y sabor especial. Llegaban muy buenos espectáculos teatrales y musicales. Alrededor del Parque del Centenario se instalaban las rifas, animadas por luces brillantes y giros de ruletas. Por las noches, las familias salíamos a pasear al bulevar. Los chupeteros, los vendedores de pan de dulce, los de la bola de maní y melcocha, los barquilleros, llenaban la atmósfera de pregones agradables; y en las casas se amasaba el pastel de dos harinas relleno de carne de cerdo y de gallina, para servirlo el día de la Independencia, con la banderita de Guayaquil, como adorno central.

El pueblo esperaba ansioso esas fiestas. Del área rural venía mucha gente a comprar ropa apropiada y zapatos nuevos. La celebración de Guayaquil era una vez al año y todos querían estar bien presentados; pues, como mandaba la tradición desfilaría el presidente de sus ministros y había que verlo y aplaudirlo tan cerca como fuese posible, con la esperanza de que nos distinguiera entre la muchedumbre que copaba las aceras.

Los "muchachos de barrio" -que nunca supimos cuántos ni quiénes eran- tocaban a la puerta, presentando su tarjetita y solicitando contribución para el "equipo" que en tremenda fajazón disfrutaría tarde de goles, después del desfile. Ya que nadie se perdía esa manifestación, bajo el radiante sol de octubre, con los balcones repletos de espectadores y las banderas ondeando al viento en cada cuadra.

El desfile se efectuaba un solo día. Lo encabezaba el primer mandatario de la Nación, acompañado de sus ministros y de las autoridades seccionales. Seguían los estudiantes y quedaba la marcha se remataba con la presencia de los militares, representados por nutridas delegaciones de sus tres ramas, carros blindados y tanques de guerra que dejaban el asfalto de las calles desconchado y hacían un ruido ensordecedor.
Pero fueron precisamente los miembros de una junta militar de gobierno (1963), los que decidieron dar mayor vuelo a incierta fecha de fundación de la ciudad, tratando de imitar lo que Quito venía haciendo tradicionalmente para conmemorar su fundación española el 6 de diciembre.

Muchos pensamos que, fue más bien con la intención de disminuir la atención tradicional a las fiestas octubrinas, donde el pueblo solía expresar simpatías o rechazo a los gobernantes. Los dictadores quisieron evitarse la confrontación con las otroras temidas "Fuerzas Vivas de Guayaquil", dispuestas a abuchearlos en el desfile de octubre, por su manifiesta anti-guayaquileñidad, evidenciada en decretos e imposiciones cuyas consecuencias seguimos sufriendo hasta el presente.

Lo cierto es que, a partir de la década de los años 70s, celebramos el mes de julio, llamándolo artificialmente el "mes de Guayaquil". Cuando en términos de amor, defensa y gratitud, el jolgorio de un mes escogido para festejar a la ciudad carece de auténtica raigambre histórica, pues no se trata de la fundación de la ciudad sino de la fiesta de Santiago, el patrono de Guayaquil. Sin embargo, las fiestas julianas se volvieron tradición.

Pero, para quienes sentimos de otro modo, la verdadera fiesta de la guayaquileñidad será siempre el glorioso 9 de octubre; conmemoración de la conquista de nuestra libertad, el legado más valioso de cuanto nos transmitieron nuestros próceres. Así lo manda la historia y así se debería perpetuar la tradición.

Fuente: "Del tiempo de la Yapa" 5ta Edición - Jenny Estrada

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Guayaquil, 9 de octubre, Independencia de Guayaquil
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